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¿Qué es el método Montessori en la escuela secundaria?

Alumno de secundaria Montessori trabajando de forma autónoma en un proyecto en un ambiente preparado para la etapa del tercer plano del desarrollo.

Muchas familias conocen Montessori por los primeros años: la libertad, los materiales, el ambiente preparado. 

Pero cuando llega la adolescencia, la pregunta cambia. ¿Cómo se sostiene esa libertad cuando lo que el mundo exige es rigor? La respuesta de Montessori a esa pregunta tiene nombre propio: el Erdkinder.

El punto de partida: el tercer plano del desarrollo

Montessori es un modelo educativo construido sobre una premisa: cada etapa del desarrollo humano tiene necesidades específicas, y la educación debe responder a ellas con precisión.

En el tercer plano, de los 12 a los 18 años, el adolescente tiene una mente humanística deseosa de entender la humanidad y la contribución que él mismo puede hacer a la sociedad.

Esa descripción es la base estructural sobre la que Montessori diseñó toda su propuesta para la secundaria. El adolescente ya no necesita explorar el mundo con los sentidos, como hacía de pequeño. Necesita encontrar su lugar en él, sentirse capaz, útil y valorado. Necesita construir su identidad social.

El método Montessori sostiene que el tercer nivel no solo se caracteriza por los cambios físicos de la pubertad y la adolescencia, sino también por los cambios significativos de actitud. 

Hace hincapié en la rapidez del cambio de ideas, el estado de ánimo, la dificultad para concentrarse, las tendencias creativas y el desarrollo de un sentido de la justicia y un sentido de la dignidad personal.

El Erdkinder: la respuesta de Montessori a la adolescencia

En enero de 1937, María Montessori declaró ante la Asociación para la Reforma de la Enseñanza Secundaria en Utrecht que la escuela secundaria no es un sector de la enseñanza, sino el auténtico centro de toda la educación. 

Su propuesta para esta etapa se llama Erdkinder, que en alemán significa literalmente «hijos de la tierra». La idea original de Montessori era una granja-escuela donde los adolescentes vivieran y trabajaran en comunidad, alejados de la presión social de la ciudad, en contacto con la naturaleza y con responsabilidades reales. 

Lo que Montessori entendió, y que la neurociencia educativa ha confirmado décadas después, es que el cerebro adolescente no aprende bien sentado en silencio frente a un cuaderno. Aprende cuando está en movimiento, cuando las consecuencias de sus decisiones son reales y siente que forma parte de algo que importa.

El Erdkinder es una filosofía de diseño educativo. Sus principios, trabajo real, responsabilidad social, autonomía creciente, comunidad multigrado, son los que estructuran hoy cualquier secundaria Montessori genuina, independientemente de si tiene granja o no.

Los principios que estructuran el método en secundaria

La libertad con estructura, no la libertad sin límites

El método Montessori se caracteriza por la independencia, la libertad con límites y el respeto por el desarrollo físico y social del niño, teniendo por objetivo liberar las potencialidades en un ambiente estructurado, formando personas autónomas, independientes, ordenadas, empáticas, solidarias, críticas y con alta autoestima.

En secundaria, además del trabajo autónomo, también tienen materias definidas, proyectos con entregas, responsabilidades semanales y evaluaciones rigurosas. Lo que cambia respecto al sistema tradicional es quién decide cómo alcanzarla.

Un alumno Montessori de secundaria elige cómo investigar un tema, con qué ritmo trabajar dentro del período disponible, cómo presentar sus conclusiones. Esas decisiones son el entrenamiento real para la autonomía que la universidad y el mercado laboral van a exigirle.

El ambiente preparado, redefinido para la adolescencia

En infantil, el ambiente preparado son estanterías bajas, materiales a la altura del niño, espacios ordenados que invitan a la exploración sensorial. 

En secundaria, el ambiente preparado incluye espacios diferenciados para el trabajo individual y el trabajo grupal, zonas de producción y debate, acceso a recursos reales y una estructura social que les exige tomar decisiones con consecuencias reales.

La valorización: el concepto central que muchas familias desconocen

La valorización no es autoestima en el sentido coloquial. Es algo más específico y más poderoso; es el descubrimiento del propio valor a través del trabajo real, del esfuerzo sostenido y de la contribución genuina a la comunidad.

Un adolescente que gestiona un presupuesto, que fabrica algo con sus manos y lo vende, que organiza la alimentación de su grupo durante una semana, que diseña el sistema de convivencia de su clase, no está simulando ser adulto. 

Está siendo adulto, en la medida en que su etapa lo permite. Y eso construye la certeza de que es capaz. Un adolescente que siente que su trabajo importa no necesita buscar validación en otro lugar.

Jóvenes de una secundaria Montessori colaborando en un proyecto de producción real como parte del programa Erdkinder de valorización personal.

El rol del guía y la evaluación continua

El adulto es un observador y un guía; ayuda y estimula al niño en todos sus esfuerzos. Le permite actuar, querer y pensar por sí mismo, ayudándolo a desarrollar confianza y disciplina interior.

En secundaria, esa descripción adquiere una dimensión adicional, ya que el guía también es el adulto que sostiene el espacio emocional del adolescente. No para resolver sus conflictos, sino para que el adolescente aprenda a resolverlos.

La evaluación en Montessori de secundaria no se organiza en torno a un examen final. Se trabaja con portafolios que documentan el proceso, rúbricas que el alumno conoce desde el inicio, autoevaluación estructurada y reportes periódicos que describen el desarrollo, no solo el resultado. 

Esa forma de evaluar mide lo que realmente ha aprendido el alumno, no lo que fue capaz de reproducir bajo presión en un día concreto.

La relación entre libertad y rigor: lo que Montessori resuelve

La pregunta de fondo, ¿cómo se sostiene la libertad Montessori cuando la secundaria exige rigor?, tiene una respuesta que el sistema tradicional raramente formula: la libertad y el rigor no son opuestos. Son interdependientes.

Un alumno que elige cómo investigar un tema lo investiga con más profundidad que uno al que se le dice exactamente qué hacer. 

Un alumno que diseña su propio plan de trabajo desarrolla una capacidad de gestión que ningún horario fijo puede entrenar. 

Un alumno que se equivoca en un proyecto real y asume las consecuencias aprende más de ese error que de diez páginas sobre el mismo tema.

Desde una perspectiva evolutiva, Montessori cree que el trabajo del niño en el tercer nivel ayuda a la construcción del yo adulto en la sociedad.

El rigor en Montessori se mide por la profundidad real del aprendizaje, por la capacidad del alumno de aplicar lo que sabe en situaciones nuevas y por el grado de responsabilidad que ha desarrollado sobre su propio proceso.

Montessori y el IB en secundaria: una sinergia estructural

Cuando se entiende qué es el método Montessori en secundaria, la combinación con el Programa de los Años Intermedios (PAI) del Bachillerato Internacional deja de parecer sorprendente.

El PAI exige exactamente lo que Montessori entrena: autogestión, pensamiento crítico, conexión entre disciplinas y responsabilidad sobre el propio aprendizaje. Los alumnos que llegan al PAI habiendo recorrido un continuo Montessori desde infantil encuentran la expresión formal de lo que ya conocen.

En Greenleaves, esa coherencia es el principio organizador de todo el programa. El continuo educativo desde los 18 meses hasta los 16 años garantiza que cada etapa construya sobre la anterior, que los principios del método no se abandonen cuando el alumno crece y que la transición a la secundaria sea una profundización, no un cambio de paradigma.

Si queréis entender cómo se aplica este modelo en la práctica dentro del programa de Greenleaves, el equipo está disponible para acompañaros.

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