Larry Page y Sergey Brin crecieron con padres que eran profesores universitarios de informática y matemáticas. Pero cuando se les pregunta por el origen de su forma de pensar, ninguno de los dos señala a Stanford, donde se conocieron. Señalan a sus escuelas Montessori de preescolar.
Page estudió en una escuela Montessori en Michigan. Brin en otra en Maryland. Ambos llegaron a la universidad con algo que no es habitual: la capacidad de cuestionar lo establecido sin necesitar permiso para hacerlo.
Según Page, la formación Montessori le enseñó a ser automotivado, a cuestionar lo que sucede en el mundo y a actuar de manera diferente a lo establecido.
Esa capacidad de no aceptar el statu quo como punto de partida fue la que permitió a Google rechazar los modelos de búsqueda convencionales de finales de los 90 para construir algo radicalmente distinto.
Brin añade que Montessori le dio la libertad de aprender a su propio ritmo y de descubrir sus propios intereses. En un sistema que no premia al más rápido, sino al más profundo, Brin desarrolló una forma de exploración que después aplicó al diseño de algoritmos.
Marissa Mayer, ex vicepresidenta de Google y ex CEO de Yahoo, lo resume con una frase que dice mucho sobre la cultura de la empresa: es imposible entender Google sin entender que sus fundadores fueron educados para preguntar «¿por qué esto tiene que ser así?» en lugar de aceptar las respuestas que ya existían.
Page y Brin se licenciaron en Ciencias de la Computación en la Universidad de Michigan y la Universidad de Maryland, respectivamente, antes de encontrarse en el doctorado de Stanford, donde desarrollaron el algoritmo que se convertiría en Google.
Lo que les dio Montessori: autonomía intelectual, cuestionamiento de normas y la capacidad de concentrarse profundamente en un problema sin necesitar validación externa para continuar.